
Highdei, Postlithe 19, año 7469, Cómputo de la Comarca.
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Mi hermano y yo somos muy unidos. La razón más obvia y latente es el lazo sanguíneo y afectivo. Otra razón no menor es la música y gracias a ella, podemos vivir día a día la vida con más alegría y optimismo. Mi hermano es menor que yo por dos años, pero con su apariencia indiscutiblemente metalera cualquiera pensaría lo contrario. Es que su melena oscura y aleonada, su porte maceteado e imponente, su chaqueta de mezclilla llena de parches de sus grupos favoritos y sus tan típicos y deslustrados bototos le confieren un aire de rudeza y sabiduría heavy, que bien puede hacer huir al más cobarde o simpatizar de inmediato con todo su entorno.
Sus amigos más cercanos (incluyéndome) le llaman “El Tío”, un apodo que más bien es una muestra del mucho respeto que todos le tienen. Cuando alguien quiere obtener alguna discografía de cierto grupo metal, se dirige inmediatamente al Tío. Cuando hay que solucionar algún problema dentro del círculo de amigos, el Tío es casi como una autoridad y su opinión es muy bien valorada. Cuando se necesitan los ánimos altos, allí está el Tío para lanzar alguna talla y bromear con el resto. Y yo me siento muy feliz, porque en todo momento de mi vida, el Tío, mi hermano, está presente; y soy la única persona que no cae bajo los engaños que tiende de repente su propia apariencia.
Siempre hay un día en la semana en el que él me prepara hamburguesas, por el simple placer de compartir un rato conmigo en aquella cocina que se convirtió en uno de nuestros lugares favoritos. Mientras mi hermano prepara la sartén, yo prendo la radio. En ese instante, suena una canción de los Yardbirds. Para nosotros la música es algo totalmente indispensable, como el aire que respiramos.
– Enana, ¿esa es la Futuro? – me pregunta él, pendiente de las hamburguesas.
– ¡Sí, po! Como siempre – le respondo con una sonrisa.
Es que ya se transformó en una costumbre familiar escuchar esa radio. Casi todos los fines de semana, nuestro viejo la pone a todo volumen, y adoptamos de él esa acción. No es que nos guste escuchar radio siempre, pero si se trata de eso, la única que escuchamos es la Futuro. Porque a mi papá le trae una multitud de recuerdos de años pasados, y a mi hermano y a mí nos da la sensación de que esos mismos recuerdos nos pertenecen también. A través de aquella música llegan hasta nosotros instancias, memorias, ideales, pensamientos que por decirlo de alguna manera, ya son historia. Fueron, son y serán los sonidos que nos hicieron, hacen y harán sentir más completos como seres humanos.
–”La gran mayoría de las mujeres con pareja estable, dicen haber sido infieles en más de alguna ocasión. Nosotros tenemos una teoría: a los hombres les está faltando rock”.
– ¿A quién le está faltando rock? – a causa de una breve interferencia en el canal entre la radio y yo, no había alcanzado a escuchar esto último.
– A los hombres – me respondió mi hermano, con una sonrisa forzada. Yo me eché a reír, y él agregó –: en lo que a mí respecta, lo que menos me falta es rock.
Yo asentí entre risas. En nuestra casa, o manicomio, como prefiero llamarlo, lo que menos falta es rock, y sobretodo, buena onda.
Comienza a sonar una canción de los Creedence, y yo me pongo a bailar de forma desenfrenada. Es algo común en mí, volverme loca y mover los brazos y piernas hacia cualquier lado. Mi hermano y yo parecemos muy diferentes incluso para aquellos que dicen conocernos bien. Se sorprenderían si sintiesen como yo lo parecidos que ambos somos, si viesen con mis ojos a mi hermano, sin parches de Pantera ni polerones de Motörhead, sin accesorios externos y/o internos. No, a él no le falta rock ni le va a faltar. Seguramente él diría lo mismo de mí, aunque cambiando el término “rock” por “locura”. Yo opino que ambas palabras tienen relación, porque estamos todos locos, ¿no? Todo está entrelazado en el universo, y el lazo entre hermanos es un símbolo de esa unión tan magnífica y poderosa.
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Lo choriflai es que el Aiol es el único beneficiado con esto jajaja. Él cacha.