La idiota y su vida cotidiana .

Highdei, Halimath 27, año 7470 según el Cómputo de la Comarca .



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( Leer para olvidar )

Me quiere mucho,
poquito,
nada.
Me quiere mucho,
poquito,
nada.
Me quiere mucho,
poquito,
nada.
Me quiere...

Demonios, lo típico. ¿Cuántos libros tendré que destrozar para que mis expectativas se cumplan?
No ha sido uno de los mejores días, y días como estos he tenido muchos.
Soy una idiota en el buen sentido de la palabra, un sentido que no tiene relevancia para la neutralidad de mi persona (una neutralidad bastante pasada a llevar, teniendo en cuenta mi corta edad y mis arrebatos). Soy una idiota que preferiría golpearse con sus propias manos en vez de dirigirse la palabra con el alma llena de resentimiento. Una página más y me adentro en algo que no es mío, y que obviamente nunca lo será. En fin, qué importa si me ayuda por un instante largo a no pensar en mí y en mis pseudo frustraciones. Ay, pero mientras más páginas van pasando, más se acerca el apocalipsis, como si de una película se tratara; aunque es distinto, leer es pasar meses, años, siglos, clavada como una esfinge mirando hacia el horizonte. Es nacer, crecer y morir, pero con un sinfín de detalles como amar, sonreír, llorar, aprender, soñar, agonizar, jugar y otros verbos más creativos .. . Y es cierto, parece tan idéntico a la realidad de cualquier ser humano, con la diferencia de que .. Ehhhhhh, sí, ok. ¡Arg! ¡¿Cuál es la jodida diferencia?! Da igual, muchas veces la vida me parece más fascinante en un libro que en los días que me tocan por azar, con sus mañanas risueñas y sus noches agobiadas (o viceversa). Por eso escribiré mi vida a medida que la voy viviendo, a ver si se transforma en algo digno de recordar.. . o de olvidar, dependiendo de cuán mal escrito esté.


Suelo confundir los libros con flores.
Sólo cuando llego al final de la historia, y ya no quedan pétalos que arrancar.
( Ambos son oráculos )
Sólo cuando quiero compartir y estoy sola.


¿Me quiere?
Mi gato, sí.

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Tengo una duda .

Sunnendei, Halimath 22, año 7470 según el Cómputo de la Comarca.

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No me explico cómo una persona tan llena de pena,
puede hacer feliz a la gente.
A no ser que me hayan estado mintiendo,


(¿o yo me estoy engañando?) .

El viejo sendero .

Highdei, Wedmain 8, año 7470 según el Cómputo de la Comarca.


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La luz del sol comenzaba a declinar, y ella desmontó de su caballo, al encontrar un lugar ideal para realizar los rituales de la noche. Se acercó a uno de los imponentes robles de aquel bosque, y se sentó junto al envejecido tronco, en cuclillas.
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Lo primero que debía hacer era despejar su mente, mientras el cielo se oscurecía cada vez más. Cerró sus ojos por un breve momento, respirando hondo, y al abrirlos, descubrió que su estrella ya había salido. Dejó que la capucha que le cubría el rostro cayera sobre sus hombros, y se levantó, canturreando una canción en voz baja. Recorrió el pequeño claro de los robles mientras pronunciaba extrañas palabras que no podían ser oídas por ningún motivo. Sí alguien la escuchase… pero eso no ocurriría. Sabía que no había nadie en ese bosque, porque los mismos árboles lo decían. Hace mucho tiempo que nadie recorría ese viejo camino, y por eso mismo, ella había decidido transitar por allí. Su viaje era un secreto, salvo para aquellos que la habían enviado, desde tierras lejanas y desconocidas.
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Su ritual vespertino era muy sencillo, en realidad. La luna y sus doncellas aparecían en el firmamento, y había que darles la bienvenida. Cuando la primera estrella, su estrella, desapareció, sacó algunas frutas de sus alforjas, y las comió tranquilamente, en la oscuridad. Se quedó mirando un momento el cielo con una sonrisa, y volvió a levantarse. Debía proseguir su camino. Cubrió su cabeza con su gran capucha, y montó sobre su corcel, ya satisfecho de la hierba que había comido. Al amanecer arribaría a su destino, y eso la animaba cada vez más. Dormía muy poco, pero hace días que no había pegado un ojo. Su caballo trotaba calmadamente, esquivando todos los árboles y matorrales a su paso. Era tan antiguo ese sendero, que se había diseminado con el tiempo, pero ella sabía como descubrir señales provenientes de épocas pasadas. Trató de divisar algo a lo lejos, pero sólo se veían ramas, y las estrellas por encima de su cabeza. Los muros de la oscura ciudadela a la que se dirigía estaban luego de ese bosque, y debía descubrir como colarse por ellos. No sería una tarea fácil, pero eso lo tenía en cuenta desde su partida. Pensar en que no le costaría sería subestimar la misión…
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Susurró algo al oído de su caballo, y éste avanzó un poco más rápido, pero con la misma suavidad. Pronto ambos, caballo y su dueña, desaparecieron entre los árboles y la niebla. Una niebla que ella no había percibido...

Un sencillo interrogatorio .

Monendei, Postlithe 27, año 7470 según el Cómputo de la Comarca.

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¿Para qué sirve un baño?, me pregunto, mientras me encierro en uno. Para nada. O sea, sí. Si lo sé. Para muchas cosas obvias, entre ellas, cantar en la ducha, manchar con pasta de dientes el espejo, tirar pelos húmedos en el lavamanos, cantar (también) con el secador de pelo... y encerrarse. Por eso, me hago caso y me encierro. Luego me siento en la alfombrilla y respiro.

¿Por qué? Es tan sencillo preguntarse cosas y jamás responderlas. Entretanto, veo al bardo que se acerca, que miente y exhala un aliento desconocido en mi cuello. Atraviesa el espejo, y yo no deseo que lo haga. Lo devuelvo a su invisibilidad estática, lo mantengo fuera de mi refugio. Sigue ahí, pero, ¿qué más da? Me observo desde el exterior, pausa, retroceso, play, y mis manos devuelven la humedad empañada al vidrio del espejo. El momento eterno vuelve a su curso, haga lo que haga para evitarlo.

¿Qué pasará? Nada que no sepa mi alma más profunda. Qué ganas me dan de romperme los puños tratando de asesinar su sombra funesta en mi reflejo. Sólo eso; un suicidio sería catastrófico ¿y qué conseguirías? Continuar la persecusión en el Averno. ¿Qué hace la amante de las sombras contra eso? Sin querer, te arrimaste a la oscuridad de otro. Y el bardo vuelve, vuelve, vuelve, se desangra en penurias, y sigue volviendo. Yo, desde la superficie, pienso que la cinta del video se ha dañado y decido dejarla tal cual, a ver cómo me las arreglo en las profundidades de mi misma.

Siempre lo logro. Siempre lo he logrado. ¿Qué es lo que le da más miedo a los girasoles? ¿Perder de vista al sol o no ser el pequeño sol de algún otro mundo más diminuto?

No me demoro en responder aquello en mi cabeza.
Ella danza tranquila, mientras su cuerpo inerte observa de reojo como se acerca la sombra, la que murmura deseos incontrolables en su oído. Ella lo acaricia con una mano, mientras que con la otra.. . lo estrangula.


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Inexistencia.

Meresdei, Antelithe 28, año 7470 según el Cómputo de la Comarca.

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Ese afán mío de lanzarle mensajes embotellados al mundo.
No sirve simular con hojas de cuaderno arrugadas y un montón de borrones.

“Derramé una lágrima sobre mi taza de café, luego me reí a carcajadas de mi reflejo a kilómetros de distancia. No me sirven las escaleras mecánicas, y aunque quiera poner un pie sobre ellas, se descomponen con una mezcla de rabia y energía que en realidad es sólo vacío. No quiero ser otra persona, no quiero recorrerte y mentirte a la vez. Tú atraes mis lágrimas.. . y mis tazas de café”.




Pero, ¿quién mandó este mensaje a mi cabeza?